Diagnóstico

Por qué tengo osteoporosis si me cuido: las causas que casi nadie busca

Comes bien, caminas todos los días, no fumas, tomas calcio. Y la densitometría dice osteoporosis. La respuesta suele estar en uno de dos sitios: hay una causa secundaria que nadie ha buscado, o lo que llamas «cuidarme» no incluye el único estímulo que tu hueso necesita para construirse. Vamos con las dos, y con la lista exacta de pruebas que puedes pedir.

Por Javier Giménez · Lectura 8 min

Es la frase que más escucho. Llega con el informe en la mano y dice lo mismo, casi con las mismas palabras: «Es que yo me cuido. No lo entiendo».

Y lo primero que quiero decirte es que esa frustración está justificada. No es que te hayas descuidado. En la mayoría de los casos que veo hay una explicación concreta, y no tiene nada que ver con falta de voluntad. Tiene que ver con dos preguntas que en la consulta de diez minutos no dio tiempo a hacer.

La primera: ¿hay algo por debajo que esté tirando de tu hueso hacia abajo? La segunda: ¿tu rutina le está dando a tu esqueleto la señal que necesita para construirse? Casi siempre, la respuesta está en una de las dos. A veces en las dos a la vez.

La osteoporosis secundaria: cuando hay algo más debajo

Existe una osteoporosis que se explica por la menopausia y la edad —la llamamos primaria— y existe otra que es consecuencia de otra cosa: una enfermedad, un desajuste hormonal, un fármaco que tomas desde hace años. Esa es la osteoporosis secundaria. Y no es una rareza de manual.

En un estudio de la Pontificia Universidad Católica de Chile publicado en la Revista Médica de Chile en 2022, evaluaron a 114 mujeres posmenopáusicas que llegaban por primera vez a una consulta de endocrinología con osteoporosis o densidad ósea baja. Les hicieron una historia clínica completa y una analítica estructurada, buscando a propósito. ¿El resultado? Encontraron al menos una causa secundaria en el 50% de las que tenían osteoporosis y en el 67% de las que tenían densidad baja.

Fíjate en el detalle que a mí más me interesa: de las mujeres que llegaron sin ningún antecedente conocido —es decir, mujeres a las que nadie le habría buscado nada—, en un 26% apareció una causa en la analítica. Algo que estaba ahí, operando en silencio, y que solo salió porque alguien pidió los análisis correctos.

La mitad de las mujeres que «no lo entienden» tienen una causa identificable. Lo que no tienen es a alguien que la haya buscado.

Las causas que aparecen por la historia clínica

Algunas se ven simplemente preguntando. En esa misma cohorte, las más frecuentes fueron el uso prolongado de corticoides (casi un 11% de las mujeres), el antecedente de cáncer, sobre todo de mama y sus tratamientos hormonales (9,5%), y la insuficiencia ovárica prematura, es decir, una menopausia que llegó mucho antes de tiempo.

A esa lista se suman, según el caso: enfermedad celíaca o cualquier problema de malabsorción intestinal, cirugía bariátrica, artritis reumatoide, enfermedad renal crónica, diabetes, y fármacos de uso muy extendido como los antiepilépticos, los inhibidores de la aromatasa o los inhibidores de la bomba de protones tomados durante años.

Que quede claro: nada de esto significa que tengas que dejar tu medicación. Si tomas corticoides es porque los necesitas, y esa decisión es de tu médico y de nadie más. Significa que, si los tomas, tu hueso merece una vigilancia distinta y un plan distinto. Saberlo no te quita el tratamiento: te añade protección.

Las causas que solo salen en la analítica

Y aquí está la parte que casi nadie cuenta. Hay causas que no se ven en la consulta, no dan síntomas y solo aparecen si se piden las pruebas adecuadas. En el estudio chileno, las tres que más aparecieron entre mujeres aparentemente sanas fueron:

· Hipercalciuria idiopática (14% de las mujeres con osteoporosis y un llamativo 40% de las que tenían densidad baja). Es decir: pierdes calcio por la orina. Puedes estar tomando calcio y suplementos de forma impecable, y estar tirándolo literalmente por el desagüe. Se detecta con una recogida de orina de 24 horas, una prueba barata que prácticamente no se pide.
· Paratohormona (PTH) elevada (7%), que puede deberse a un hiperparatiroidismo, a un déficit de vitamina D mantenido o a un problema renal. La PTH alta es una señal de que hay pérdida ósea activa ahora mismo.
· Tirotoxicosis (8,8%): exceso de hormona tiroidea. Incluye algo muy frecuente y muy pasado por alto —estar sobremedicada de levotiroxina por un hipotiroidismo. La dosis que te va bien para encontrarte con energía puede no ser la que le va bien a tu hueso.

Y por encima de todas, el clásico: el déficit de vitamina D, presente en dos de cada tres mujeres de ese estudio que no tenían ninguna otra causa identificada. Si quieres entender qué niveles buscar y por qué la dosis estándar se queda corta en muchos casos, lo desarrollé en el artículo sobre vitamina D y calcio: cuánto tomar de verdad.

La pista que llevas en tu propio informe: el Z-score

Tu densitometría trae dos números y casi todo el mundo mira solo uno. El T-score compara tu densidad con la de una mujer joven sana: es el que da el diagnóstico. El Z-score te compara con mujeres de tu misma edad y sexo. Y ese es el que interesa aquí.

Si tu Z-score está claramente por debajo de lo esperado para tu edad —el umbral que se maneja habitualmente es -2,0 o menos—, no estás perdiendo hueso «como todas». Estás perdiendo más de lo que tocaría, y eso es precisamente el criterio que levanta la sospecha de una causa secundaria. Si ese es tu caso, enséñaselo a tu médico y pídele que se investigue. Te explico cómo leer todos los números de tu informe, T-score y Z-score incluidos, en la guía para interpretar tu densitometría.

La lista para llevar a tu médico

Esto es lo que las sociedades científicas consideran la evaluación mínima antes de tratar una osteoporosis, y lo que yo reviso en toda mujer que entra en el programa: hemograma y VSG · perfil bioquímico con calcio, fósforo y fosfatasa alcalina · creatinina y función renal · calcio en orina de 24 horas · PTH · 25-OH vitamina D · TSH. Y si hay sospecha clínica, anticuerpos de celiaquía o proteinograma. No es una analítica cara ni exótica. Es la que casi nunca se pide.

La otra mitad de la respuesta: qué significa «cuidarse» para un hueso

Supongamos que buscas todo lo anterior y no aparece nada. Ocurre. Entonces toca mirar la segunda pregunta, y es una conversación incómoda pero necesaria.

Cuando pido a alguien que me describa cómo se cuida, la respuesta suele ser una versión de esto: camino una hora al día, hago yoga o pilates dos veces por semana, nado, como sano, tomo calcio. Es una vida saludable. Es una vida que protege tu corazón, tu cabeza y tu estado de ánimo. Y es una vida que, para tu hueso, es prácticamente invisible.

El motivo tiene nombre desde hace más de un siglo: el principio de Wolff. El hueso se adapta a las cargas que soporta. Si le exiges, refuerza la zona exigida. Si no le exiges, retira material donde no hace falta, porque mantener hueso cuesta energía y tu cuerpo es eficiente. Caminar impone una carga que tu esqueleto ya conoce y ya tiene resuelta desde hace cincuenta años. Nadar la elimina casi por completo. El yoga mejora tu equilibrio y tu movilidad —y eso importa para no caerte— pero no le manda al fémur la señal de que necesita ser más resistente.

Esa señal solo la envía una cosa: carga progresiva. Peso que sube con el tiempo, impacto controlado, series exigentes y bien ejecutadas.

Que esto funciona no es una opinión. En el ensayo LIFTMOR, publicado en el Journal of Bone and Mineral Research en 2018, mujeres posmenopáusicas con masa ósea baja entrenaron fuerza de alta intensidad supervisada dos veces por semana durante ocho meses. Mejoraron la densidad ósea en columna lumbar y en cuello femoral, mejoraron su función física, y lo hicieron con una tasa de incidencias mínima. Treinta minutos, dos veces por semana. Si tu objeción es la edad, esa es exactamente la que desmonto en entrenar fuerza a partir de los 60.

Cómo saber si lo que haces está sirviendo

Aquí está, para mí, el fondo del problema. Muchas mujeres llevan años haciendo cosas razonables sin un solo dato que les diga si sirven. Y cuando por fin se repite la densitometría, han pasado dos años y el número no se ha movido.

La densitometría es lenta: tarda doce meses o más en cambiar de forma interpretable. Por eso yo no espero a ella. Trabajo con los marcadores de remodelado óseo, P1NP y CTX, que te dicen en unas 12 semanas si tu hueso está formando más de lo que destruye. Eso convierte «creo que voy bien» en «voy bien, y aquí está el número».

Y hay otra cosa que conviene mirar, porque el estudio chileno la pone negro sobre blanco: al hacer una radiografía de columna a esas mujeres, apareció al menos una fractura vertebral en el 12%, y en la mayoría de esos casos nadie sabía que la tenía. Las fracturas vertebrales por fragilidad muchas veces no duelen de forma reconocible: se manifiestan como perder centímetros de estatura o encorvarse. Si has perdido altura, eso merece una radiografía.

Lo que te llevas

Si te has diagnosticado osteoporosis y sientes que no encaja con la vida que llevas, no es que estés fallando. Es que probablemente falte información sobre tu caso. Haz estas tres cosas, por este orden:

· Mira tu Z-score y, si está por debajo de -2,0, pídele a tu médico que se busquen causas secundarias.
· Lleva la lista de analítica de arriba y pide que se descarte lo descartable: vitamina D, PTH, TSH, calcio en orina de 24 horas.
· Añade carga de verdad a tu rutina, con progresión y con técnica, y mide la respuesta a las 12 semanas en vez de esperar dos años.

Ninguna de estas tres cosas sustituye a tu médico. Las tres hacen que tu próxima consulta sea infinitamente más útil, porque llegarás con preguntas concretas y con datos, no con la sensación de que te han dado media respuesta.

Porque al final no se trata de subir un número en un informe. Se trata de no rompernos.

Referencias: Jiménez M, Henríquez C, Miranda F, Olmedo M, Ivanovic-Zuvic D, Florenzano P, «Osteoporosis postmenopáusica: relevancia de la búsqueda estructurada de causas secundarias», Revista Médica de Chile 2022;150(5):597-603. · Cerdá Gabaroi D, Peris P, Monegal A, et al., «Search for hidden secondary causes in postmenopausal women with osteoporosis», Menopause 2010;17(1):135-139. · Tannenbaum C, Clark J, Schwartzman K, et al., «Yield of laboratory testing to identify secondary contributors to osteoporosis in otherwise healthy women», J Clin Endocrinol Metab 2002;87(10):4431-4437. · Watson SL, Weeks BK, Weis LJ, Harding AT, Horan SA, Beck BR, «High-intensity resistance and impact training improves bone mineral density and physical function in postmenopausal women with osteopenia and osteoporosis: the LIFTMOR randomized controlled trial», J Bone Miner Res 2018;33(2):211-220. Información general; tu caso debe valorarlo tu médico.

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